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CONCIERTOS |
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PLACEBO + LAGARTIJA NICK + DORIAN Coliseo de Atarfe. Granada. 24.07.09 Texto: Álvaro Martín |
Consecuente visita de Placebo a España dentro de su gira europea para dar a conocer su última referencia, Battle Of The Sun (PIAS Spain, 2009), un disco que camina entre luces y sombras, que intenta recuperar el pulso vital del amargo y dolorido universo del dúo Molko-Olsdal. La marcha del batería Steve Hewitt a finales de 2007 supuso, pues, la entrada de unas nuevas baquetas, quizás lo más reseñable –sumémosle que el elenco de músicos en el escenario ha crecido- de sus directos en la actualidad. Antes que ellos, teloneros de pelaje diverso: indietrónica desde Barcelona y unos desafortunados locales Lagartija Nick. Si abrir un evento de rock tan heterogéneo como el que destilan Lagartija Nick o Placebo es de por sí complicado, hacerlo desde los postulados que defiende Dorian es una apuesta arriesgada. Su música, idónea para poner broche a festivales nacionales independientes antes de que los deejays recojan el testigo en alguna de las carpas nocturnas, se mueve entre el pop y el rock bajo un omnipresente manto de electrónica concebida para el baile. Sobrios y uniformados de negro–como es habitual desde hace tiempo-, consiguieron "desperezar" a un escaso cuarto de aforo que aún exudaba sudor por el calor acumulado durante el día. Con El Futuro No Es De Nadie (PIAS Spain, 2006) como referencia, mostraron un adelanto de lo que será su tercer disco -llegará a mediados de septiembre- y contagiaron momentos de distorsión eléctrica con un piano cada vez más protagonista en sus conciertos. Lo de Lagartija Nick es inexplicable si coincidimos en que el sonido de Dorian y Placebo fue casi perfecto. Jugaban en casa, pero su rock vanguardista quedó encerrado en las paredes del Coliseo Atarfe. Puede que las características del recinto desnortaran las destrezas del técnico de rigor; sea como fuere, la voz de Antonio Arias, espesa, baja y poco nítida, enfundó a esa conjugada y enérgica mezcla entre guitarras y batería (Eric Jiménez, todo un nombre "enmayusculado" del panorama patrio y titular en Los Planetas desde sus comienzos) en un tedio irremediable. Mal día, por lo tanto, para presentar en Granada su nuevo LP, Las Marcas De Mi Larga Duración (Everlasting Records, 2009), con temas que resultaron demasiado estáticos como 'Cuerpo Y Mente', 'De Par En Par', 'Sin Ti' o 'Clavo Ardiendo'. No se percibió tampoco gran dinamismo en la segunda parte del concierto, donde sonaron clásicos atemporales y referencias extraídas de su anterior disco El Shock De Leia (Everlasting Records, 2007). El tedio impregnó el ambiente irremediablemente y gran parte del publico miraba ansiosamente el reloj. El "problema" de Placebo es su filosofia a la hora de enunciar el contenido del set list. Como un puzzle encolado, en el que sólo se mueven de lugar los clásicos –o se intercambian por algún otro-, el grueso del conjunto lo conforman siete u ocho canciones del disco presentado, Ya ocurrió con Meds (Virgin, 2006) y vuelve a suceder lo mismo. Es elogiable defender la vitalidad actual como futuro poso para la vigencia, pero es inexplicable no interpretar, por ejemplo, 'Pure Morning' o 'Without You I'm nothing'. La ausencia de algunos hits incontestables sitúa al grupo en una perenne posición de no delegar, ni un ápice, al dictado de la nostalgia o del recuerdo la estructura de sus conciertos. Pero fue con clásicos como 'Song To Say Goodbye', 'Infra-Red', 'The Bitter End', 'Special K' o una barroca e irreconocible 'Every You Every Me' donde se desató la gente. Los cuatro primeros temas clavaron el orden de Battle For The Sun, con ese momento-estribillo "mi corazón, un cenicero" de 'Astray Heart', coreado por el respetable y toda la banda al unísono: seis personas en el escenario. La familia ha crecido en directo. Lo más impactante: su tatuado y nuevo batería, Steve Forrest, exhibiendo (literalmente) músculo y "aporreando" con gusto, como si estuviera amasando enérgicamente una roca en vez de un pedazo de harina. También destacar la labor de Fiona Brice, amén de su capacidad para doblar los agudos de Molko, pandereta, teclados y violín electrónico, re-creando atmósferas de la sección de vientos tan necesarias en los solos de 'Soulmates' o 'Devil In The Details' o simplemente acompañando a todo el conjunto en 'The Never-Ending Why' o durante la presentación del single, 'For What It's Worth'. Por su parte, Molko demostró en temas como 'Come Undone' que su destreza y compromiso con la guitarra es más que una simple anécdota en el contexto general del sonido. Continuos cambios de modelo, según el que precisaba la canción, y "espasmos" musculares del brazo ejecutor frente a su pantalla. Asimismo, la intimidad que susurra la voz del frontman trasciende su conciencia y reverberó por todo el espacio acústico en momentos cumbres. El final fue el mejor ejemplo: una agridulce 'Taste In Men' llena de oscuridad para apagar el escenario con la guitarra de Molko completamente desatada. |