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CONCIERTOS |
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JELLO BIAFRA AND THE GUANTANAMO SCHOOL OF MEDICINE + THE RIPPERS Live!. Madrid. 10.12.09 Texto: Álvaro Martín |
Jello Biafra: dícese del artista punk incendiario cincuentón amigo de las proclamas anarquistas a través de gestos teatrales. Casuista en casos de conciencia política de su país, no olvida "apedrear" aquellas injusticias mediáticas actuales relacionadas con la ética social y que trascienden las fronteras de los países. ¿Un recurso del artista sin ideas nuevas que ha creado un personaje de sí mismo, lo caricaturiza y lo interpreta según un guión preestablecido? El quid es que el tipo se cree lo que replica. Y en directo resulta más que convincente. Conclusión: la leyenda es real y aumenta su "caché" (distinción, elegancia…) en 2009. Abriendo para el de Colorado y sus Guantanamo School of Medicine, los catalanes The Rippers (escogidos por Jello personalmente). No son nuevos: cinco discos desde 1995. El último se llama Seeds of the New Dawn (Rock On, 2009) y es una sobredosis de proteínas y esputos, guitarrazos prehistóricos, mucho sabor rockero minimalista deudor de Motörhead o Zeke (por citar un par de posibles referencias) y canciones que invitan a sentirse protagonista de la película Mad Max, repartiendo cañonazos "a diestro y siniestro". Marc Teichenné (voz y guitarra) embraga sus cuerdas junto a una apisonadora rítmica con una voz mitad áfona mitad enrabietada, con algunas dosis de guturalismo para apuntillar las frases más incisivas (ejemplo, 'Night After Night'). Sobre un imaginario rombo, el cuarteto pivota casi sin mover las plantas de los pies, pero contorneando los brazos y el resto de la columna sobre un imaginario eje. Ceño fruncido y dientes apretados los cuatro. No hay tiempos muertos, si acaso algún momento de "sosiego" proporcionado por nuevos temas como 'Can't You See', 'Meth' y 'Among The Spiders'. Son temas con un arranque y desarrollo que muestran cierto margen de "sorpresa" sobre un clásico esquema punk, aunque en algunos de ellos apaguen el fuego (incompresiblemente) antes del momento cumbre, ofreciendo un final anticipado del mismo justo cuando la locura se desata. Llegó el momento. Abran paso. Suenan los acordes de 'Terror Of Tinytown' y Jello capitaliza la parte central de "su tribuna". Comienza el show. Cual Da Vinci que abarca todas las posibles "artes" del escenario (sermonea, canta, baila, interpreta, se desnuda…), sus movimientos imposibles e histrionismo envuelven de manierismo su particular obra. Jello emerge de sí mismo, sólo hay que notar su mirada. Y así, con la electricidad de sus impulsos, se transporta en volandas por las cabezas de los presentes (lo hizo en tres ocasiones) o personifica algunos de los más sangrantes y destacados capítulos de la historia contemporánea. El respetable ya conoce la pasión desmedida de Biafra por la realidad social, especialmente la norteamericana (en su día luchó por la alcaldía de San Francisco). Usando un español más que fluido, en su verborrea hubo multitud de referencias a Obama, a los abusos en cárceles localizadas en Guantánamo, a nuevas taras oligofrénicas resultantes de la adicción a internet (como el consumo online) o el miedo a las verrugas en una sociedad obsesionada con ser "joven-para-siempre" y otros etcéteras que, no por ser ya conocidos, son menos relevantes (es decir, los pecados del individualismo y otras malformaciones del sistema capitalista). Se cascaron entero The audacity of Hype (Alternative Tentacles, 2009) más un buen puñado de clásicos de los Dead Kennedys ('California Uber Alles' con referencias a Governator Swarzeneeger, 'Let's Lynch The Landlord' o 'Too Drunk To Fuck') y dos temas extras: 'Dot Com Montecarlo' y 'The Cells That Will Not Die'. ¿Qué decir del sonido? El del disco sazonado con más mala baba si cabe. Un rock que muta de lo etéreo y nublado a una asfixia incordiante. Acordes afilados que aliñan un rock deudor del punk de los Kennedys con ácido sabor procedente de los Stooges, fluctuando con detalles marcianos provenientes de la guitarra de Ralph Spight, quien tampoco se cortó ejerciendo como corista de lujo. Brotes psicodélicos y psicotrópicos que parecían transportar la savia añeja de California y Detroit por desiertos urbanos y que cabalgaron a lomos de la implacable batería de Jon Weiss. Tras un primer bis que desató (por enésima vez) la locura incluyendo 'Holiday In Cambodia', se retiraron a sus aposentos. Y cuando aquello parecía haber terminado (tras una hora larga de concierto) regresaron para despedirse con otra terna (sonó otra perla, 'Police Truck') que ponía punto final con el tema que clausura su trabajo: 'I Won't Give Up'. Toda una paliza al respetable. Desde luego, va a ser complicado ver en el futuro a Biafra en el crematorio de las leyendas vivas del rock. Así da gusto. |