Roskilde 2025

Roskilde Festival sigue siendo un festival redondo

Como ya es habitual el primer fin de semana de julio, Musicazul se desplazó a Copenhague para asistir al Festival de Roskilde, que contaba con más de 185 artistas repartidos en cuatro días de festival y ocho escenarios.

Nuestro periplo por tierras danesas siempre comienza el martes, un día antes de los conciertos, con el montaje de la tienda en el camping de prensa y una escapada por Copenhague para disfrutar de comida en Warpigs, un sitio altamente recomendable si te gusta la barbacoa americana y las cervezas artesanales (craft beers). Este año descubrimos Fermentoren, otro lugar con una excelente oferta de cervezas artesanales, donde puedes llevar comida de otros sitios. Nosotros optamos por un shawarma de Boy’s Shawarma & Kylling llamado Gaza Wrap, nombre que resultaría premonitorio, ya que se convirtió en un denominador común en los discursos reivindicativos de los artistas durante la mayoría de los conciertos del festival.

Miércoles 2 de julio

El miércoles amaneció caluroso. Desde la organización del festival informaron que nos hidratáramos bien y que nos aplicáramos protector solar, ya que iba a ser el día más caluroso en la historia del festival. Así que, tras cumplir con sus recomendaciones nos dirigimos al recinto, que los miércoles abre un poco más tarde, a las cuatro de la tarde, ya que el primer concierto comienza a las cinco, resultando una jornada más comprimida.

Este año abrió el escenario Orange Annika, la diva del pop danés, que se dio a conocer haciendo videos en TikTok hace un par de años. Sus canciones como “Så længe jeg er sexy”, ponían a los daneses a bailar unas veces, y otras, como “Luk mig ind”, les hacían encender la linterna del móvil. Este slot lleva años dedicándolo el festival a artistas locales que han despuntado en los últimos meses

Los ucranianos Jinjer tocaron después en el escenario EOS, y allí nos fuimos a menear los cuellos. Tatiana, la cantante, fue un espectáculo: podía pasar de una voz pura y dulce a unos gritos de pánico, pasando por gruñidos brutales. Una buena dosis de metal, género que echamos de menos en las últimas ediciones. Parece que el empuje de Copenhell, apenas dos semanas antes de Roskilde ha hecho que la organización haya apostado por otros estilos.

Del metal progresivo pasamos a la pura fiesta con los argentinos Ca7riel y Paco Amoroso, que estaban de gira con una banda enorme de respaldo y ritmos que mezclan funk, trap y pop latino. El Avalon disfrutó bailando con “#TETAS”, “Re Forro” y el resto de su repertorio, donde recorrieron su último disco ‘PAPOTA’. Siempre resulta agradable escuchar castellano en los escenarios y lo cierto es que los daneses parecieron disfrutar, quizás gracias al empuje del tiny desk que se viralizó. Imposible no bailar al ritmo de “El único”.

Sin tiempo para descansar, corrimos al Orange donde ya habían comenzado Fontaines D.C.. Los irlandeses comenzaron muy fuertes tocando himnos como “Jackie Down the Line”, “Roman Holiday”, “Bug” o “Motorcycle Boy”. Durante “I Love You”, el escenario se llenó de palestinos daneses portando banderas de Palestina. Las pantallas mostraron mensajes por la libertad de Palestina, e incluso el nombre de la banda que presidía el escenario se adornó con los colores de su bandera. Al terminar la canción, un palestino pronunció un discurso en contra del genocidio, que fue muy bien recibido por el público. Para terminar por todo lo alto, la banda cerró con “Starbuster”. Han crecido de manera exponencial y no parecen tener techo.

Después de una parada para cenar, en uno de los festivales con mayor calidad y oferta gastronómica, volvimos al Orange a ver a Charli XCX, una de las cabezas de cartel de esta edición. Volvía al festival tras haberlo petado el año pasado en el escenario Arena que se le quedó pequeño a pesar de coincidir con Foo Fighters y es que sin lugar a dudas ha sido el año ‘Brat’. Como era de esperar, el Orange estaba a reventar y no defraudó: todo el público disfrutó bailando con su pop electrónico y sus canciones virales como “365”, “Von Dutch”, “Girl, So Confusing”, “Guess”, “360” y otra vez “365”. Parece que hubiera podido tocar 10 veces el tema y la gente lo hubiera aplaudido igual. Como colofón, se despidió con su versión de “I Love It”, de Icona Pop

Para acabar la noche, nos dirigimos al escenario Arena a recordar nuestros días de juventud con Deftones, que parece que no han envejecido nada. Sin duda, fue el mejor concierto del día. Los estadounidenses dieron un recital superlativo: empezaron con “Be Quiet and Drive (Far Away)” y “My Own Summer (Shove It)”, del disco Around the Fur, del cual también tocaron la canción homónima. No faltaron otros himnos como “Change (in the House of Flies)”, “Rosemary” o “Sextape”. Chino Moreno parece rejuvenecido y la ausencia de su guitarrista Stephen Carpenter, apenas se notó por el buen hacer a las seis cuerdas de Lance Jackman. Lo bueno de ellos es que han sabido conectar con una generación que no es la suya y a la vez no han perdido a sus viejos seguidores. No han pasado a la categoría de viejos dinosaurios si no que mantienen una vigencia inaudita en bandas coetáneas.

Deftones @ Roskilde 2025. Foto: Christian Hjorth

Con las emociones a flor de piel, el cansancio acumulado y conscientes de que ya no somos unos chavales, reunimos las pocas fuerzas que nos quedaban para continuar la fiesta por los campings, que suplen la ausencia de conciertos los miércoles a partir de las dos de la madrugada, y en donde la gente monta sus propias micro fiestas, que ayudan a configurar la grandeza de un festival que no sólo se mantiene (aunque también) por el cartel musical sino por la experiencia completa.

Jueves 3 de julio

Hay que agradecer a la organización del festival, ya que nos acomoda en un camping de prensa, que las mañanas no se hagan muy duras. Empiezan con un desayuno (hay supermercados muy cerca), para luego ir a las duchas de agua caliente que un colegio cede y que la organización destina a voluntarios, trabajadores y prensa y así se te quitan todos los males acumulados el día anterior. Puede parecer un detalle menor, pero cuando tienes una edad y el festival está a las afueras de una ciudad pequeña donde alojarse es misión imposible, este tipo de detalles marcan la diferencia para poder disfrutar del festival.

Una vez ataviados con botas de agua, pues para el jueves pronosticaban lluvias fuertes por la tarde (en Roskilde nunca te puedes fiar de un día para otro), nos dirigimos al recinto del festival cuando el reloj marcaba el mediodía. Aprovechamos que la mañana estaba soleada para ver los primeros conciertos. En el Avalon tocaba Jessica Pratt, la cantautora de folk estadounidense que está de gira con su último disco ‘Here in the Pitch’, y que ofreció un concierto “bonito” de esos que no te cambian la vida, pero te alegran el momento y a continuación, APHACA, una banda de pop-rock danesa que llenó el Arena de jóvenes compatriotas. Algo así como la sensación de la temporada, tipo Arde Bogotá en nuestro país, reuniendo una gran cantidad de público. Es cierto que se nos escapa el contexto de su éxito, pero no nos desagradaron.

La tarde se mantuvo soleada y en el escenario Orange se vivió un ambiente propicio para disfrutar de la samba de Seu Jorge. El brasileño hizo bailar al público con clásicos como “Amiga da minha mulher” y “Carolina”, además de versiones como “Everybody Loves the Sunshine”, en homenaje al estadounidense Roy Ayers, fallecido recientemente. Este tipo de conciertos festivos de músicas del mundo a media tarde son muy del festival y se agradece.

En el escenario Gaia fue el turno de Wisp, artista que, junto a su banda, evocó el sonido de Sigur Rós y presentó temas como “Your Face”, tema que se viralizó en redes sociales, así como temas del disco debut que publicará en un mes. Shoegaze de nueva generación que también conecta con el público juvenil. Parece que vuelve a estar de moda tocar la guitarra mirándose a los pies.

A las siete de la tarde llegó uno de los momentos más esperados en el Arena: el concierto de Beth Gibbons, vocalista de Portishead. La cantante británica ofreció un recital delicado y emotivo en el que repasó canciones de su disco en solitario como “Tell Me Who You Are Today”, “Floating on the Moment” y “Lost Changes”, además de temas de su colaboración con Rustin Man, entre ellos “Mysteries” y “Tom the Model”. Como colofón interpretó “Glory Box”, uno de los himnos de Portishead, que nos puso los pelos de punta. Uno de esos conciertos que justifica la asistencia a un festival.

Al salir del Arena pasamos por casualidad por el escenario Avalon y nos encontramos a Dreamers Circus, una banda formada por tres músicos nórdicos, que se conocieron en una jam session en un festival de folk en Copenhague, especializados en reinterpretar la tradición escandinava. La historia nos la relató un “auténtico vikingo” que bebía cerveza en un cuerno real elaborado por él mismo y perteneciente a uno de los campamentos más antiguos del festival. El concierto destacó por su energía festiva, con bailes, rondos y congas que animaron al público y dejaron un grato recuerdo. De esas experiencias no planificadas pero que encajan perfectamente en lo que debería seguir siendo un festival, el descubrimiento de bandas en estos tiempos en los que parece necesario llevar marcados los horarios previamente y no dejar tiempo para la improvisación. Sí, llamadnos boomers, pero echamos de menos esa espontaneidad.

Como buenos “viejunos”, nos acercamos al Avalon para dejarnos merecer por Conor Oberst, es decir, Bright Eyes, que regresaban a Roskilde tras quince años de ausencia (aunque entre medias hubo un parón del grupo de casi una década) y que dejaron clara que la clase no se pierde y que su indie folk, tan de moda a comienzos del milenio, sigue teniendo clara vigencia.

Ya entrada la noche, y con menos lluvia de la esperada, fuimos al EOS a ver a Knocked Loose, dejando de lado al cabeza de cartel de la jornada, Stormzy, que tocaba en el Orange porque el hiphop no es lo nuestro, y porque había que aprovechar para ver a una de las bandas pujantes en los sonidos duros en la actualidad. Los estadounidenses, fieles exponentes del metalcore, ofrecieron un concierto trepidante en el que repasaron toda su discografía en poco más de una hora, llegando a tocar más de quince temas y en donde los pogos y la camaradería metalera elevaron la experiencia niveles que quizás su música por sí sola no llega.

La noche terminó en el Apollo con Qing Madi, joven artista nigeriana que ha encontrado fuerza en TikTok. Vestida con un estilo estrafalario que recordaba al episodio de Friends en el que Joey se pone toda la ropa de Chandler (quizá poco preparada para el frío danés), hizo bailar al público e incluso hubo tiempo de cantarle “Happy Birthday” por sus 19 años recién cumplidos.

Viernes 4 de julio

El cansancio ya se empezaba a acumular así que, sin grandes reclamos a primeras horas, optamos por ahorrar energías y entrar al recinto a media tarde. Arrancamos con Electric Callboy en el Arena, una de las bandas que atrajeron al público más diverso del festival. Su música proviene del metal, pero gracias a su actitud irónica y ganas de fiesta, al acercar sus temas al lado tecno-verbenero, conectan con el concepto de la juventud danesa de pasarlo bien. El ambiente era inmejorable, incluido guiños a la gente mayor pues tocaron dos versiones: “Still Waiting” de Sum 41 y “Everytime We Touch” de Maggie Reilly. Sin embargo, sus temas más espídicos (“Hypa Hypa” o “Pump It”) nos provocaron ansiedad, algo normal a nuestra edad.

La decisión lógica era abandonar ese concierto y movernos para ver a Esy Tadesse, en busca de nuevos horizontes. La artista etíope ha actualizado los típicos fraseos de guitarra etíopes con bases pregrabadas y ha amplificado su magnífica voz con una buena dosis de reverb. La sensación de estar en un bar de Addis Abeba no hizo más que incrementarse cuando un músico acompañó a Esy con un krar, instrumento de 5 cuerdas típico del norte de Etiopía y Eritrea. Ya habréis visto a estas alturas que las músicas del mundo siempre acaban llamando nuestra atención, ya que en nuestro país no es tan sencillo encontrar artistas de este género más allá de los que si han logrado llegar al gran público.

De los bares etíopes pasamos a Atlanta, Georgia, lugar de nacimiento de Faye Webster, que tocaba en el escenario Avalon rodeada de lavadoras impresas en grandes telones. A pesar de ver únicamente la parte final de su actuación (las distancias en Roskilde hacen que el Primavera Sound parezca un festival pequeño) pudimos disfrutar de su dominio de toda clase de guitarras, la eléctrica, la acústica, y la guitarra con pedal, que usó para acabar el concierto con la canción “Kingston”. Una artista mucho más allá de la etiqueta de indie pop.

Magdalena Bay fue el siguiente grupo en la ruta del día. Synth-pop de alto octanaje liderados por Mica Tenenbaum a las voces, y Matthew Lewin, que se encargaba de la guitarra y los teclados. La voz de Mica y los ritmos de los teclados habrían sido suficiente para disfrutar del concierto, pero el show mejoró por el sentido del espectáculo de Mica. Atraía todas las miradas mientras corría por el escenario y actuaba encima de un podio traído para la ocasión. Esta combinación nos recordó mucho a Rina Sawayama, que había actuado en el mismo escenario el año anterior.

Magdalena Bay @ Roskilde 2025. Foto: Peter Troest

La siguiente artista en tocar era la indiscutible cabeza de cartel del día (y casi nos atrevemos a decir del festival, por lo menos en términos de popularidad actual). Olivia Rodrigo tocó canciones de sus dos álbumes, ‘Sour’ y ‘Guts’, con gran profesionalidad, y en parte entendimos como esta cantante de tan solo veintitrés años ha batido todos los récords de escuchas con sus canciones. Sus temas resaltan su portentosa voz y a la vez apela la instrumentación a un público más rockero. Hay ciertos toques de Breeders en sus temas que hacen de ella algo más que una ex estrella infantil Disney. Padres e hijos pueden corear canciones como “Good 4 U”, “Deja Vu”, “Drivers License” o “Bad Idea Right?” sin ningún tipo de complejo, ya que pueden conectar con ambos espectros de público de una manera diferente, pero no excluyente. Sin lugar a dudas el concierto con mayor asistencia de público de esta edición.

Con la noche bien entrada aún pasamos por varias fases. Hubo excitación de la mano de Snow Strippers en el EOS con una electrónica nada compleja, pero efectiva y también momentos de sopor de la mano de Jamie XX en el Orange. La última encarnación de Jamie XX hace más uso más pronunciado de la guitarra que de los ritmos de baile y no era lo que nos pedía el cuerpo pasada la una de la madrugada. Afortunadamente pudimos entrar en el Apollo para ver a 4AM Kru. La música adecuada para el momento adecuado, algo que sucede muchas veces en Roskilde. El dúo parecía que había pedido a la IA temazos jungle y rave de los noventa, y ahí estaban, disparados sobre el público mientras los dos artistas golpeaban frenéticamente con baquetas sus cajas de ritmos. Mientras regresábamos a nuestra tienda, y con el amanecer ya dándonos en la cara (en estas latitudes y en esta época del año a las tres de la mañana ya se aprecia la luz del sol) éramos conscientes que apenas nos quedaba una jornada de disfrute.

Sábado 5 de julio

El último día empezó con excitación. Anohni and the Johnsons debutaban en Roskilde tras una larga carrera de un cuarto de siglo sobre las tablas. Una deuda histórica del festival que quedaba saldada ante uno de los grandes artistas de nuestro tiempo. Sus seguidores tenían altas expectativas en el festival y grandes colas se formaron para disfrutar del concierto en las primeras filas de la carpa del Arena. En esta gira Anohni envuelve su fascinante voz con la presencia de ocho instrumentistas. Esto nos permitió disfrutar de sus canciones en solitario, como “4 Degrees”, en modo big band. En su labor de remover conciencias, Anohni nos conmovió con imágenes de los arrecifes de Australia y entre canción y canción, nos ofreció entrevistas a científicos y activistas denunciando los problemas del cambio climático. Un concierto inversivo (y en cierto punto subacuático) del que fue difícil no salir tocado en lo emocional, pero “The Show Must Go On”.

Nos dirigimos para abrir el Orange de la mano de Africa Express, el conjunto de artistas que capitanea Damon Albarn. Su estrecha relación con el festival es bien conocida, raro es el año que no se deja ver por allí con alguno de sus múltiples proyectos (Blur, Gorillaz, etc). En esta última versión del grupo, el grupo se ha expandido globalmente, dando más cancha a los ritmos latinos. Fueron estos ritmos los que más disfrutamos de su concierto, que bajaba en interés cuando eran los ritmos africanos los que se apoderaban del escenario.

Regresamos al Arena para experimentar de primera mano el fenómeno Lola Young. Desde luego es mucho más que “Messy”, pero no es menos cierto que acabó siendo uno de los temas de la edición y es que resulta de los más adictivo. Escenario a reventar y concierto corto y al pie. Veremos cómo evoluciona y si se convierte en otro artista más “one hit Wonder” o si sabe capitalizar su momento actual cuando saque después de verano su siguiente disco, del que nos presentó un par de avances.

Y estando allí, en el Arena, ya nos quedamos plantados para ver a Nine Inch Nails, la banda más esperada del cartel por nosotros, en el mejor escenario del festival y casi como colofón de esta edición. Todo encajaba. Con treinta y siete años de carrera a sus espaldas, la máquina perfectamente engrasada de Trent Reznor actuaba en el festival de Roskilde por cuarta vez. La gira Peel It Back Tour nos trajo todo lo que queríamos. Los temas clásicos del The Downward Spiral se mezclaron con canciones de sus otros álbumes, EPs y versiones. Así Trent cantaba con desesperación “Closer” y seguía con los trallazos como “1,000,000”. La barrera de sonido que Atticus Ross y la banda levantaban alrededor de la voz de Trent se complementaba con un juego de luces y transparencias que caían desde el frente del escenario. Esta combinación parecía elevar a la banda a un nivel superior, inalcanzable para los que desde abajo levantábamos el puño como señal de pertenencia al mundo oscuro de NIN.

Nine Inch Nails @ Roskilde 2025. Foto: Steffen Joergensen

Una recta final de ensueño desde que sonaron los primeros acordes de su versión de “I’m Afraid of Americans” de David Bowie y que encadenó con “The Perfect Drug” dedicada al fallecido a comienzos del año David Lynch, y con el trío final infalible, la BBC o MSN (según se sea del Madrid o del Barça) de NIN: “Head Like a Hole”, “The Hand That Feeds” y “Hurt”,  donde la conexión con el público se sintió de manera muy profunda más profunda cantando al unísono su estribillo. No, Trent, “tu imperio de mierda” no nos decepciona, nos sigue emocionando.

Exhaustos emocionalmente, nos resistíamos a salir del recinto, por lo que acabamos picoteando un poco de allí y de allá, un ratito de The Raveonettes por los viejos tiempos, otro rato de Lambrini Girls por los nuevos tiempos, pero que en el fondo sabíamos que no dejaba de ser un tiempo extra en el que no estábamos implicados al cien por cien. La inevitable despedida era el único camino posible en el horizonte. Eso si, con la firme intención de repetir el año que viene.

Así concluyó la semana roskildiana de Musicazul, con unos corresponsales sin ganas de volver a la rutina de los festivales que se organizan por nuestras tierras, que siempre tienen más bandas de nuestra cuerda, pero que nunca presentan un pack tan completo como Roskilde, que incluye música, comida, activismo y sobre todo: mucho Orange Feeling.

Texto: Francisco Moreno / Andrés Moreno
Fotografías: Roskilde